MAR ADENTRO: HISTORIAS DE LAS MEJORES PLAYAS DEL URUGUAY

Viernes, julio 6, 2012
posted by Massimiliano

Nuestro país se caracteriza por muchas cosas atractivas para los extranjeros, uno de los fuertes son los balnearios que suelen ser visitados por turistas de todo el mundo en verano. Los paisajes, el clima, las playas y últimamente la noche, son el principal imán para la gente. Los jóvenes son quienes llenan los principales destinos turísticos del Uruguay en los últimos años.

Pero, ¿qué se esconde tras estos hermosos lugares? ¿Qué historia guarda cada uno? Hacemos una breve reseña de algunos paradisíacos destinos del país:

PIRIÁPOLIS

Don Francisco Piria fue un hombre que hizo de todo en su vida. Nació a mediados del siglo XIX en Uruguay y de pequeño viajó a Italia donde adquirió varios conocimientos, sobretodo en Historia y Filosofía. A los 16 años volvió a su país donde más tarde iniciaría un emprendimiento propio, fundando el Mercado Viejo de Montevideo, que se mantuvo hasta 1875. Luego se dedicó a la venta de solares en Montevideo, allí se convirtió en uno de los responsables de la fisonomía de la capital construyendo aproximadamente setenta barrios. También se dedicó a la literatura y el periodismo, creó el diario liberal de la época al que bautizó con el nombre de “La Tribuna Popular”.

Piria era un hombre de negocios, iba de inversión en inversión, siempre buscando algo nuevo, con una mente distinta, viendo el negocio y el futuro donde nadie lo veía. En 1890 fundó un establecimiento agroindustrial en los alrededores del cerro Pan de Azúcar y allí conoció un lugar que le iba a cambiar la vida, un lugar único, con una energía que lo atraía y le decía algo. Ese “algo” después se pasaría a llamar “Piriápolis”. Poco a poco comenzó a pensar la ciudad frente al mar de una manera más que interesante para la época. Esto se fue materializando a través de las distintas construcciones, muchas de ellas millonarias. En 1897 se inauguró el Castillo de Piria, la que fuera la residencia del propio visionario.

Años más tarde, surgió el Gran Hotel Piriápolis, la majestuosidad de su arquitectura y los muebles traídos exclusivamente desde Italia rápidamente dieron que hablar al mundo entero. Este bellísimo Hotel pasó a alojar a los primeros turistas del país, en tiempos en que la palabra “turismo” no significaba lo mismo que hoy.

En el año 1930, Piriápolis ya era una gran ciudad y recibió el toque de distinción que le faltaba, la frutilla de la torta: se inauguró el Gran Hotel Argentino, con capacidad para 1.200 personas. Lo más grande que existía en aquellos tiempos. Hoy, el ícono de la ciudad.

PUNTA DEL ESTE

“El Miami de Sudamérica” para muchos, la elite de los balnearios, la excelencia, el glamour, la perfección; tantas cosas se pueden decir de este lugar, pero muy pocos saben que este monstruo del turismo mundial, comenzó siendo un paradero indígena, así es. Luego pasó a ser un pueblo de pescadores. Su primer nombre fue “Villa Ituzaingó” pero en 1907 pasó a llamarse definitivamente Punta del Este. Esta Villa fue fundada en el año 1829 por Don Francisco Aguilar, siendo el primero en explotar los recursos de la zona, desarrollando varias industrias, principalmente los saladeros. Falleció en 1840 a los 64 años ejerciendo el cargo de Senador, dejando a Punta del Este en marcha hacia lo que es hoy.

El 13 de junio de 1843 fue vendida la península a los hermanos Samuel y Alejandro Lafone quienes la compraron en 4.500 pesos, así como también la Isla Gorriti la cual costó 1.500 pesos. Hoy sería un poquito más cara.

PUNTA DEL DIABLO

Este balneario tiene una leyenda muy particular. Se dice que en 1935 la familia Rocha se vio obligada a trasladarse a la costa por recomendación del médico, ya que uno de sus hijos sufría de asma y era necesario el aire puro del mar para su mejoría. Eligieron las costas de lo que es hoy Punta del Diablo para establecerse y construir su rancho, lo que los transformó en los primeros pobladores. En los años siguientes hombres que vieron en la pesca una buena remuneración, se trasladaron de forma temporaria a éstas costas oceánicas, edificando sus ranchos en distintas zonas y en condiciones totalmente precarias. En ese entonces los alimentos debían ser traídos desde Castillos, lo que era muy complicado debido a que los accesos hasta el pueblo eran inexistentes, muchas veces las huellas que dejaban los carros eran borradas por el viento lo que dificultaba el próximo viaje.

Ese problema terminó cuando se construye la Hostería del Pescador y con ella la carretera que va desde la Ruta 9 hasta dicha hostería, la que albergo a muchos turistas que llegaban tanto del resto de país como del extranjero. La carretera aunque con muy escaso mantenimiento y muchas veces tapada de arena, mejoraba el acceso. Una vez que se llegaba hasta la Hostería del Pescador se continuaba el viaje hasta la punta en carro. Recién en 1968 se construyo el camino de acceso hasta la punta; en ese entonces había varias familias de pescadores instaladas e instalándose en el pueblo con carencias de todo tipo, que gracias a que la pesca del tiburón estaba siendo bien remunerada y a la buena organización de muchos de los pescadores, fueron construyendo y consiguiendo por sus propios medios. Construyeron la escuela, el museo y formaron una cooperativa de pescadores. Durante la Segunda Guerra Mundial se pescaba el tiburón para extraer su hígado y hacer aceite para exportar, cuando finalizo la guerra el negocio casi desapareció por lo que se paso a secar pescado. Este se secaba en “varales” donde se colocaban los filetes de tiburón (ya salados, prensados y saturados) al sol para que se sequen por completo. Los varales se usan hoy en día y el olor que desprende se ha vuelto característico del lugar.

Muchas de las mujeres que llagaron Punta del Diablo acompañando a sus maridos se convirtieron en grandes artesanas, usando elementos autóctonos y únicos que hacían y hacen que los turistas se vean fascinados por sus piezas, lo que dio paso a la creación de una feria artesanal que sigue creciendo hoy en día. Lo que en un principio era un pasatiempo para estas mujeres se transformo en un medio de vida en momentos en que la pesca se hace difícil.

LA PEDRERA

Este es uno de los balnearios más antiguos. Se la conocía antiguamente como Punta Rubia, ya que los antiguos marinos al divisar desde el mar el color de sus arenas le dieron ese nombre.                                                                                                                                                                         La Pedrera tiene un conglomerado de cosas que la hacen distinta a todas las demás: el gran acantilado y los roquedales en punta, la ventosa rambla y la sensación del pueblo que se respira en el conjunto, la convierten en un lugar de mucho encanto. Visualizar desde allí los amaneceres y la luna llena reflejada en el océano proporciona un espectáculo que maravilla a cualquiera.

Sus historias de naufragios van desde el siglo XVIII hasta nuestros días, cargados de leyendas, y tienen como testigo los restos del Katay 8, en el desplayado sur (“Playa del Barco”).

En la calle principal se encuentra la antigua y hermosa Iglesia, cuya campana perteneció a un barco hundido en sus costas.

Más allá de que últimamente se ha visto invadida y desbordada en temporada y en carnaval por los jóvenes (algo que ha traído varios problemas con los residentes), en La Pedrera, el único reloj que funciona es el sol y la luna.

 

En total, Uruguay cuenta con algo más de 600 kilómetros de playas. Más de 600 kilómetros de historia, de leyendas interminables. Combinadas con el disfrute, hacen de este país una excelente elección para tomarse unas vacaciones.

 

 

 

 



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